Antes de comprar un juguete, piensa...


Más del 70% de los juguetes vendidos en el mundo se fabrican en el gigante asiático
Las grandes multinacionales tiene allí sus fábricas para aprovecharse de la mano de obra barata, pero hay más...

La organización SACOM (Students & Scholars Against Corporate Misbehaviour) en un seguimiento durante los últimos años, aunque con mejoras, sigue denunciando la explotación de trabajadores chinos por parte de las multinacionales jugueteras, y otras.
Según ese estudio, los trabajadores chinos cobran entre 100 y 155 euros mensuales, precio que muchas veces es igual o inferior a uno de los juguetes que fabrican cuando se venden en Europa.

A esto se une:
  • Más de 140 horas extras, sin remuneración, en épocas de fuerte demanda. Cuatro veces por encima del limite legal.
  • Retraso continuo en el pago de los sueldos, un mes o más de demora.
  • Sin permiso para reclamar una copia del contrato
  • Falta de equipos de protección personal ni formación en prevención de riesgos laborales
  • Sin protección en caso de enfermedades profesionales
  • Ningún tipo de protección ni seguro social
  • Empleo de niños en épocas veraniegas.
  • Trabajo continuado de 8 de la mañana a las 10 de la noche, con un descanso mínimo y controlado para comer.
  • Sin derechos de asociación
  • Trabajo en régimen de semi-escavitud con una dura disciplina y multas arbitrarias. Por hablar o ir al servicio sin permiso llegan a ser multado con 5€, cantidad muy gravosa en un sueldo que raras veces llega a los 150€
  • Falta de higiene en la alimentación
  • Dormitorios sucios e insalubres, en los que llegan a dormir 10 trabajadores en menos de 20 metros cuadrados.
Estas y muchas más son las condiciones de penuria con la que las fábricas de Disney, Mattel o Lego, entre otras, fabrican esos juguetes que nos pretenden vender en estas épocas navideñas.
Épocas en las que nos meten por la cabeza los buenos deseos y la solidaridad. Quizá haya que decirles a esas fábricas que permiten la explotación de trabajadores en países como China que para abaratar costes no  todo es válido.
La grandes multinacionales, año tras año, dicen que van a investigar y corregir lo denunciado, pero lo cierto es que los años pasan y el régimen laboral de los trabajadores chinos sigue siendo deplorable, sin que nadie lo remedie, mientras las jugueteras se siguen llenando los bolsillos con los millones de las ilusiones de los niños europeos o americanos, mientras la infancia china se dedica a sobrevivir a duras penas cuando no son usados también para fabricar esos juguetes.

Por eso, antes de comprar un juguete quizá deberíamos de pensar si lo que compramos es una ilusión o más bien un producto de la explotación y esclavismo a la que someten las jugueteras a los trabajadores.
Con tantos millones que facturan las multinacionales ¿no pueden dejar alguno de ellos para mejorar tales condiciones y de paso lavar su imagen?
Aunque claro, la imagen que venden con esos anuncios tan ridículos en los que hablan de mundos perfectos de fantasía, ocultando la realidad que hay detrás de ellos. A las grandes multinacionales les da igual el sufrimiento y la explotación de miles de trabajadores. Grandes multinacionales que en muchas ocasiones aportan dinero para denunciar la falta de libertad y derechos en países como China u otros, otra vez para lavar esa cara, que más que limpia es dura, pero que en vez de buscar mejoras, sigue fomentando la explotación para saciar su avaricia.

Visto que las grandes multinacionales no van a hacer nada ¿porque no hacerlo nosotros? o es que nos gusta ser cómplices de aquellos que nos engañan con el único objetivo de llenar su bolsillo aunque se a costa de los derechos humanos y de los trabajadores.

Estas Navidades piensa antes de comprar ese juguete, no regales más explotación, regala un aviso a las grandes multinacionales para que comiencen a tomar nota, aunque no sea para despertar su conciencia que por lo menos sea para que afecte a sus sucias cuentas.
Ante estas grandes multinacionales hay alternativas, búscalas, no es tan difícil.
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