Leonés, indignate


Los leoneses sabemos bien que son las crisis, ya que llevamos sufriendo una continuada desde hace más de tres décadas, que se agrava cada vez que hay que sumarle otras que las circunstancias contagian a la ya sufrida.

En estos últimos años, miles, o quizá millones, de ciudadanos se han atrevido a salir a exigir que no se recorten más sus derechos y que sean los que generan las crisis los que las paguen.
Ha llegado a tal situación el problema, que sectores supuestamente enfrentados se unen para pedir remedio. Una muestra palpable fue la manifestación multitudinaria que recorrió las calles de Ponferrada hace unos días. Manifestación en la que empresarios, sindicalistas, trabajadores y parados entre otros, se unieron para que la administración tomase nota del malestar popular ante la pasividad de los gobiernos afectados.

Quizá sea hasta ahora la manifestación mas unitaria que recorre las calles de alguna población leonesa, pero al final es otra de tantas en las que se piden soluciones ante la desesperación de los más débiles.
Normalmente los intereses de unos y otros llegan a manipular de tal forma las manifestaciones populares que el entendimiento se hace casi imposible. Pero a pesar de ello, siempre dejan una huella que obliga a los responsables tomar nota y mojarse en mayor o menor medida.

Manifestaciones, concentraciones, publicaciones, ruedas de prensa, declaraciones, todo ello con el objetivo de mostrar al mundo, y sobre todo a los responsables que organizaciones, movimientos sociales, ciudadanos de tal o cual país, nación, región o simple población, están hartos de una situación que está ahogando su futuro.

Volviendo al primer párrafo, a pesar de sufrir ese ahogamiento desde hace mas de tres décadas, de ver como las empresas se van a otros sitios, los ciudadanos se ven obligados a emigrar, los pueblos y ciudades cada vez ven envejecer y disminuir su población, todo ello clara muestra de una crisis profunda, mucho mas grave que la que puntualmente azota al mundo en general, las manifestaciones, las declaraciones, las concentraciones que unían a los leoneses ante estos agravios han quedado en el recuerdo.
No es ningún secreto la indignación de los leoneses, no es ningún secreto el rechazo de los leoneses al engendro que ha estado arruinando las tierras leonesas. Sin embargo ¿donde están los leoneses indignados con esta situación de crisis que ya dura demasiado?

Mientras ciudadanos de todo el mundo por una crisis puntual salen a la calle para exigir, los leoneses parece que hemos perdido la esperanza.
Y aunque los leoneses se unen a las manifestaciones o críticas contra la actual situación, lo suelen hacer, por regla general, sin que se noten que son leoneses.
Algunos dirán que los símbolos no son importantes, quizá sea cierto cuando se trata de mostrar la indignación para rechazar medidas globales que afectan a todo el mundo. Pero cuando además se suman tantos años de ruina, tantos años de desprecio hacia la sociedad leonesa, los símbolos se vuelven imprescindibles para demostrar quienes son los que siguen indignados desde hace mas de tres décadas y no solo durante una situación puntual.

Y son afrentas que no terminan, sino que se agravan, sin embargo la indignación sigue en casa o tras la barra de un bar, pero a la hora de salir a la calle solo hay silencio o incluso rechazo. Un rechazo generado por aquellos que se beneficia de la desgracia ajena y que a base de manipulaciones siguen engañando y mintiendo sobre el futuro leonés, eso sin contar lo que ya han mentido en el pasado.
Pero mas triste que ese rechazo basado en mentiras y manipulaciones, es que los propios leoneses se avergüencen de sus símbolos, de su identidad, de sus señas y hasta de su historia. Triste realidad que muestran hasta los representantes mas destacados, siendo casi imposible ver a dirigentes políticos, de todos los colores, incluso declarados leonesistas, con la bandera leonesa en la mano. No se sabe si la evitan por convencimiento, por estrategia política o simplemente por seguir ordenes de sus mayores, pero el caso es que son de los pocos políticos a lo largo de esto que llamamos España que se avergüenzan de ello, y lo peor es que los leoneses apoyamos esa vergüenza con los votos. Y no solo se apoya la vergüenza, sino también la continuidad del ahogamiento ante la pasividad de nuestros representantes que rechazan su derecho a ser leoneses y lo cambian por otro impuesto.


Mucho se habla de los modernos indignados, pero mas indignados deberíamos estar los que durante mas de tres décadas sufrimos una crisis continua.
¿O seguiremos callados, escondidos y avergonzados de nosotros mismos?
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