El consenso de 1978, la hipoteca de 2011.

La reforma aprobada ayer en el Congreso de los Diputados nos deja con la sensación que de ahora en adelante la Constitución podría dejar de ser ese documento que consiguió llevar la estabilidad social y la paz a España, y convertirse en un panfleto usado para regular la economía nacional.

El consenso al que se llegó en 1978, ha cambiado por la hipoteca de por vida en 2011.


Como ya dije hace unos días España está vendida y la perdida total de soberanía que obliga a modificar por ordenes extranjeras la Constitución lo demuestra completamente.
Poner la Constitución al servicio de las entidades financieras en vez de seguir siendo el vehículo conductor de las leyes que organizan la convivencia de un país convierte a España en una gran empresa dirigida desde el extranjero en la que si no salen las cuentas se volverá a exigir mas cambios, y si alguien pone trabas quizá sea despedido, como pasa con cualquier empresa.

¿Tanta necesidad había de regular constitucionalmente los abusos de las administraciones? ¿No era mas fácil cortar el grifo, sancionar y multar a los que se pasasen de la raya?

Pero parece que los dos grandes partidos no estaban dispuestos a rendir cuentas de los abusos y excesos realizados por las administraciones públicas, no vaya a ser que salpicase mas de la cuenta.
Es mas fácil poner como excusa las ordenes de los especuladores, agencias de calificación, bancos, y organismo internacionales, para regular esos gastos, que buscar los defectos de tales desmanes. Es mas fácil que sean organismos extranjeros los que decidan modificar la Constitución, que escuchar a los propios ciudadanos las necesidades que tienen  para adaptar esa Constitución a dichas premuras.


El documento principal que regula la vida de los españoles ha pasado a ser el juguete de los especuladores con la complicidad de los dos grandes partidos. Unos cómplices que buscarán cualquier tejemaneje para salirse con la suya, que serán capaces si de un banco se tratase regalarán vajillas o sartenes con tal de llevar a su campo a cualquiera a costa de una hipoteca de por vida.
Por desgracia es bastante probable que  algunos se sumen a la fiesta de los especuladores, las palabras a veces se las lleva el viento cuando se ponen jugosos regalos delante.

Esto ya no es España, ni nada que se le parezca ¿donde están todos esos que se llamaban patriotas? Seguro que muchos de ellos con sus vajillas bajo el brazo....
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