Fin de la huelga en la minería

Tras los meses de huelga en el sector minero, sólo se puede decir que son un ejemplo de lucha obrera y que han servido para despertar muchas conciencias dormidas.
Tanto la lucha en las cuencas, cómo la marcha negra con el final apoteósico en Madrid, han dejado claro que esta lucha, lejos de ser algo particular de los trabajadores de la mina, ha sido una demostración de la solidaridad de buena parte de la ciudadanía española ante los abusos del poder.
Siempre están los que hablan del exceso de violencia por parte de los huelguistas. ¿Exceso? Quizá descontrol en algún momento, pero no se puede llamar exceso cuando se lucha por el pan de los hijos y el futuro de las próximas generaciones.
Exceso claro es el de unas fuerzas de seguridad, azuzadas por el poder actual, que desde hace años, desde que supuestamente vivimos en un sistema democrático, se ha dedicado a repartir leña, a invadir literalmente pueblos, entrando en domicilios particulares sin orden, y todo ellos justificado por los representantes del gobierno.

Ante estas movilizaciones, cómo ya dejaba ver el Ministro de industria, la respuesta del gobierno es un inmovilismo. Un inmovilismo que nada ha variado, que el orgullo de este gobierno vuelve a demostrar que, después de ganar las elecciones, el pueblo ya no le interesa.

Con este panorama, quedan dos opciones, seguir con la huelga indefinida,o finalizar este estado y buscar otras medidas de presión.

Desde fuera es fácil apostar por la huelga indefinida, inculto desde dentro los hay que también apuestan por esta fórmula. Una dura fórmula que obliga a los huelguistas a buscar fórmulas extraordinarias para poder pasar el día a día, ya que como cualquier ciudadano han de pagar facturas o comprar los productos más básicos.

La otra fórmula es la finalizar encierros y la huelga indefinida, para tomar otro tipo de medidas. Fórmula que parece ser la elegida por los sindicatos mayoritarios, que quizá no guste a los sectores más duros, pero quizá sea la más suave para que las familias puedan tener una vida normal, sí normal se puede llamar a vivir con un futuro incierto.
Una fórmula que no debe significar rendirse, ni mucho menos, sino continuar por otro camino con otras estrategias.

Por supuesto un servidor no es quien para decir a los afectados cómo actuar, pero sea lo que sea no es tiempo de buscar enfrentamientos, ni de echar los perros a unos u otros por las decisiones tomadas, sino la de seguir el camino marcado a pesar de las diferencias del momento, recordando que el camino marcado que ha sido un ejemplo para muchos no puede estropearse ahora. Hay que recordar que el enemigo no son los compañeros que tomen una u otra opción, no son tampoco los sindicatos, que a pesar de todo también han estado con y entre los afectados. El enemigo es un sistema injusto que por culpa de la especulación se dedica a usar combustible extranjero.El enemigo son las multinacionales amparadas por un gobierno que mira hacia afuera en vez de defender lo autóctono. El enemigo son tantos y tantos que de cara a la galería ponen buena cara, pero a la hora de la verdad se venden al partido sin importarles sus vecinos.

Pero repito, un servidor no es quien para decir el camino a tomar por los afectados, pero por supuesto siempre recordará lo que hasta ahora ha sido una gesta necesaria y ejemplar que no ha terminado y necesariamente necesita que la victoria sea del pueblo.

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