Mentiras ¿hasta cuando?

No es nada nuevo descubrir que el actual gobierno ha llegado al poder a base de mentiras. No es nada nuevo que esa estrategia es tristemente parte de la política desde hace años. Y tampoco es nada nuevo que el ciudadano simplemente acepte esas mentiras y no sea capaz de derrocar a un gobierno que mancillado la democracia para llegar al poder.

Mentiras que a veces son tan incomprensibles como las vertidas sobre el cierre de las minas. Mientras los sucesivos gobiernos acusaban a Europa de obligarlos a cerrar las explotaciones no rentables, desde Bruselas  dicen que es otra mentira más ¿que interés puede tener un gobierno para llevar a la ruina y la despoblación de buena parte de las comarcas mineras? Esto se llama alta traición. Y la alta traición se debería pagar con el más severo castigo.

Mentiras tan ridículas como intentar convencer que el rescate a los bancos no lo pagarán los ciudadanos, sin embargo son os ciudadanos los que sufrirán la inminente subida del IVA, los que tras pagar impuestos volverán a pagar los medicamentos o nuevos peajes en las autovías que se han financiado con dinero público.

Mentiras que pretender que una deuda pública del 0.8% sea la culpable de la desviación de más del 5% de la deuda privada, obligando a los ciudadanos a pagar los excesos de la banca y grandes empresas privadas.

Mentiras que año tras años, legislatura tras legislatura, han ido culpando a los ciudadanos de los errores de unos gobiernos vendidos a un sector privado que lejos de revertir sus ganancias en las arcas nacionales se dedican a sacar su dinero al extranjero. Es decir, gobiernos que deberían velar por el bien de sus ciudadanos, se venden al poder económico extranjero a base de mentir a aquellos que los han elegido.

Mentiras que cada vez van más dirigidas a destruir el tejido empresarial local, en favor del extranjero, que desdeñan las materias primas autóctonas en favor de las foráneas. Mentiras al fin y al cabo de traidores a su tierra que miran para otro lado cuando sus ciudadanos les piden soluciones, mientras nos ponen la excusa de que lo hecho son obligaciones que llegan de fuera, aunque eso también sea otra mentira.
Mentiras que pretenden tapar culpando al contrincante político, pero que al final unos y otros las usan como excusa para arruinar más a los ciudadanos.


Mentiras que están dirigidas a convertir en fanáticos seguidores de tal o cual ideología, con el único objetivo de fomentar la mentira de la rivalidad política, a pesar de que unas y otras mentiras solo estén dirigidas a que los grandes grupos políticos sigan al servicio de bancos y grandes empresas. Unos fanáticos que prefieren aceptar las mentiras antes que reconocer su error, triste condición humana que antepone el orgullo personal antes que rectificar, llevan a que esas mentiras cada vez se hagan más grandes y más peligrosas; llegando a puntos en el que esa mentira, a pesar de volverse contra uno mismo, la convierten en otra con tal de seguir con esa mentira adelante, porque han hecho que se crean esa mentira.

Todo un mundo lleno de mentiras, que manipulan al pueblo y que el pueblo no es capaz de responder con la contundencia necesaria y razonable para desmentir esas mentiras.
Llegando a tal extremo, que cuando el pueblo se revela, como han hecho los mineros, las mentiras anteriores  hacen que los que simplemente piden justicia, verdad y dignidad, sean tratados como terroristas por aquellos que han sido engañados hasta tal punto que no son capaces de reconocer las mentiras.
Quizá nadie se siente identificado con estos fanatismos, precisamente porque las mentiras y el orgullo comen a tanta gente que prefieren seguir creyendo los engaños antes que reconocer la alienación, pero lo cierto es que muy pocos se salven de ello.

Aunque ya se sabe, cuanto más fanatismo, menos se reconocen los errores, incluso algunos, alimentando su ego personal, se dedican a dar lecciones de ese fanatismo, despreciando a todo aquel que no sigue a su secta, porque al final es una secta basada en mentiras, más que una ideología.

¿Tan aborregados e impasibles hemos llegado a ser los ciudadanos? ¿Hasta donde hay que aguantar las mentiras y los engaños de unos gobernantes que no gobiernan?
Porque hay que decirlo claro, desde que la banca ha tomado el control, los gobiernos no gobiernan, y además parece que no quieren hacerlo o quizá no se atrevan a ello por no llevar la contraria a quienes les tienen comprados.

Con todas estas mentiras delante de nuestras narices ¿a que esperamos? Algunos, como los mineros, y han han emprendido su marcha, tomemos ejemplo...



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