Tras las elecciones (I)



Lanzarse a hacer un análisis electoral el día siguiente a las elecciones solo sirve para sacar datos concretos, pero nunca con un estudio pormenorizado de lo sucedido y sus consecuencias.

Tras varios días de lecturas de artículos de todos tipo, de comentarios en redes sociales, de charlas y cambios de impresiones, considero que ya puedo ir haciéndome una idea del panorama más o menos cercano al tiempo que se prepara. Además de tener más datos para poder comentar el salto de electos a elegidos o destronados.

Sin duda alguna se presenta un futuro incierto, que puede acabar con dos escenarios posibles, o la rendición ante el sistema, o el principio de un cambio hacia una estructura gubernamental y democrática.

Es difícil augurar cual triunfará, porque a pesar de lo que pueda parecer, no todo a sido tan nuevo y revolucionario como se podría haber esperado.

Sea como sea, la política española en general sigue anclada en el revanchismo, yen muchos casos el odio, incluso extremo en algunos casos.
Aunque se pretenda demostrar otras cosas, buena parte del voto emitido está basado en ese revanchismo, odio y antipatía, y no tanto en afinidad. Eso sin contar que el programa de los partidos acaba siendo parte de ese mapa de desprecio al resto.

Y con este panorama se vuelve a demostrar que la democracia española aún está a años luz de otras modernas democracias europeas que trabajan sobre programas y hojas de ruta bien estudiadas. Que lejos de despreciar a la democracia y usarla como mero instrumento de poder, la alaban como herramienta de decisión y elección de acciones y actos, no como arma para destronar y destruir al contrario.

Pero claro, cuando lo último que importa son los programas, porque ya hemos visto que son solo papel mojado para llegar al poder, ya sea por las mentiras interesadas, o usado como altavoz de mensajes ñoños que calan entre la ciudadanía sin tener ninguna seguridad de poder llevarlos a cabo; al final nos encontramos de nuevo en una democracia vacía, que acabará de nuevo en un nuevo escenario de odios y revanchismos, que siempre serán pagados por una u otra parte de la sociedad.
Por supuesto, también estamos muy lejos de un sistema moderno, cuando la corrupción sigue optando a puestos de gobierno, sea al nivel que sea. Aunque esta desgraciada situación es parte inseparable de lo dicho anteriormente. Dado que al insuflar ese odio y revanchismo a todos los niveles, antes se prefiere elegir a un presunto delincuente, imputado, o como se le quiera llamar ahora, que a otro, que aunque limpio, ya se le ha marcado con tal o cual San Benito. San Benitos que de nuevo nacen del mismo germen.

Y así está la política española, que por mucho que unos u otros pretendan dar otra imagen, continúa siendo un gallinero en el que gana el más marrullero, en ningún caso por que presente el mejor programa.

Muchos pensarán… de eso va la política, de quitar a unos y que se pongan otros,o lo que ya se ha convertido en un dicho: quitar a los que ya han robado mucho y que ahora lo hagan otros.
Otros dirán, que no, que ellos han votado a un programa muy concreto……. Si, posiblemente algún bicho raro habrá votado a un programa, nunca hay que generalizar, pero por desgracia la hipocresía mezclada con otros peligrosos condimentos, es el plato en el que se convierte el votante a la hora de meter la papeleta en el sobre.

Una vez metida la papeleta en el sobre ya no hay vuelta atrás, la débil democracia española ya ha recogido la opinión del ciudadano. No teniendo culpa esa democracia de los errores, porque de ellos siempre se aprende, parece que en esto que llamamos España todo va excesivamente despacio, seguramente no por que no haya prisa, sino porque se siguen arrastrando demasiados males y vicios, que nadie es capaz de dejar atrás no vaya a ser que por querer adelantarse se queden sin un puestín.

Eso sin contar que la democracia, aunque débil, duele mucho, porque el que pierde el poder no es capaz de asumirlo, y el que no llega tampoco. Siempre la culpa será de los demás.

Por desgracia los fanatismos no dejarán ver los errores de unos ni de otros, se seguirán tapando y continuaremos con la débil democracia, no porque esté en peligro de romperse, sino porque lo que se seguirá eligiendo será en base al revanchismo, el odio y sobre todo el miedo, nunca programas, políticas y futuro estable. Y de eso precisamente adolece la sociedad española, de no tener un futuro estable y cierto, porque a cada uno que entra, se dedica a dar la vuelta a lo del anterior.

Dejando atrás esos vicios que se continúan fomentando, nos volvemos a encontrar con el siguiente paso, los pactos. Parece ser que hay que pactar si o si para gobernar. Es decir, se pasa del “y tú más” al cambio de cromos y todos tan amiguines, eso si, siempre sin dejar aparte los vicios anteriores y que esos cromos no caigan en manos indeseadas.
Algunos llaman a esos pactos, estabilidad de gobierno ¿No será más bien hipoteca de gobierno? Porque los pactos ya se sabe en base a que se hacen, siempre en bajarse los pantalones con tal de conseguir el poder. Pero de eso se trata, de crear dos grupos, uno que gobierna y cobra por ello, y otro que no gobierna y también cobra por ello, algo no cuadra.

Si los ciudadanos votan a unos representantes, es para que entre todos gobiernen. Pero en un sistema viciado es imposible, porque al final se obedece a unas siglas, no a unas necesidades.

Y esto es así a día de hoy. Algunos que vienen nuevos por un lado, otros que dicen aportar experiencia por el otro, o lo que es lo mismo, todos, dicen que todo cambiará pronto.
Una frase que se ha repetido legislatura, tras legislatura. Si, hay que cambiar, pero no para ir contra nada, ni contra nadie, sino en favor de todo y por todos. Pero sobre todo para conseguir que ese cambio termine siendo el definitivo, no otro experimento que siga pesando como una losa en esta débil democracia.

En pocas palabras, para el que no lo haya entendido, el sistema apesta, y sigue apestando, lo han demostrado en la larguiiiisima pre-campaña, que tras los pactos volverá a reproducirse ante las elecciones generales. Es decir, se acabará con el cambio de cromos y volveremos al “y tú más”, lo de los programas será otra vez más mera propaganda, el voto volverá a tener como punto de decisión los mismos vicios que hasta ahora. Muchos lo negarán, pero la hipocresía es gratuita, al final las palabras y los actos demuestran que es así.

Ojalá llegue el día en que las campañas se llenen de programas y más programas, sin reproches, ni insultos, ni desprecios, ni odios, ni “y tu más”, ni “se lo que hiciste”, etc, etc... sino política y programas donde elegir y decidir. Aunque para eso antes hay que hacer demasiados deberes, y parece que como malos colegiales, lo que tenemos aquí, son vagos que una vez se acomodan se olvidan de muchas cosas hasta última hora que necesitan culpar al resto por lo que no han hecho antes.

Y no hay pregunta que hacer, porque la pregunta está en lo que sucederá de aquí al futuro, y como no creo en los adivinos, no espero respuesta a lo imposible de predecir.
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