Los contratos

La patronal viene pidiendo la reducción de tipos de contratos, el gobierno, como no podía ser menos, se pliega a sus exigencias, agacha la cabeza, y anuncia dicha reducción. Los sindicatos, no se fían de que esa reducción vaya a servir para generar empleo. Pero al final todo. Queda en si ha de haber más o menos tipos de contrato.

Sea como sea, da igual la cantidad de tipos de contrato que haya, es más, quizá debería de quedarse en dos.
Uno temporal, o mejor dicho, de temporada, para cubrir aquellas plazas que por una u otra razón solo se necesitan en ciertas épocas.
Y otro indefinido, que permita una estabilidad laboral, y de paso unos planes de futuro, que además de dar tranquilidad al trabajador, fomentaría un consumo al no ver en peligro constante el puesto de trabajo. Eso sin contar con que el trabajador conseguiría una experiencia que sería un punto de inflexión para la rentabilidad de la empresa.
A todo esto van unidas, por supuesto, unas condiciones laborales, tanto para el periodo de contratación, como para la extinción de los mismos.

Por desgracia a los empresarios les importa un rábano, ni la estabilidad, ni siquiera el número de contratos, simplemente quieren poder contratar y despedir a la carta, sin condiciones. Exigen flexibilidad total, sin contar con los derechos de los trabajadores (los hay que cuestionan incluso que un trabajador tenga derecho a ningún tipo de descanso, como si de un esclavo se tratase)
Y aquí esta el problema, que da igual el número de contratos que existan, no es cuestión de números, sino de control. Igual que un trabajador es controlado por sus jefes para que cumpla con su trabajo, las empresas han de estar bajo el mismo control para que no comentan fraudes en las contrataciones, y por supuesto que no se dediquen a la explotación laboral.

¿Por qué entonces tanta preocupación por el número de tipos de contrato? Más bien es una cortina de humo para enmascarar unos contratos cada vez más precarios, y que además permitan escapar a cualquier tipo de control. Si a esto se le suma las últimas reformas laborales, el poder de los empresarios cada vez en más fuerte, hasta el punto de poder saltarse cualquier obligación en la contratación cuando quieran.
Pero mientras se discute si cinco o cuarenta, si blanco o negro, el número de desempleados crece, los contratos cada vez son más precarios y la economía, ante esa falta de estabilidad laboral, sigue en recesión.
Claramente el diálogo social está roto, pero lo peor es que se nos entretiene con unos números que no arreglan nada, mientras el chantaje y la extorsión de unos pocos sigue poniendo en peligro el futuro de todo un estado.

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