Diputaciones y corrupción.

Desde algunos sectores se exije el fin de las diputaciones por ser hervideros de corrupción y agencias de colocación para amigos y familiares.
Si nos atenemos a la realidad, desde el ayuntamiento mas pequeño, pasando por las comunidades autónomas, hasta el gobierno de la nación adolece de los mismos males que las diputaciones ¿también hay que acabar con esas instituciones?


Si legalmente la corrupción y otros movimientos asociados a ella, es un delito, lo que habría que hacer es juzgar a los delincuentes y limpiar TODAS las instituciones, y no culpar a las instituciones del fracaso de un sistema que permite esos delitos.

Claro, que los discursos populistas, dirigidos solo a buscar adeptos, prefieren la vía fácil y seguramente exculpatoria, para así evitar unos escándalos que salpicarían a tantos y tantos que prefieren ocultar y eliminar antes que juzgar.

Siendo prácticos, las diputaciones, a parte de los chanchullos y corruptelas, han demostrado que sirven para que las pequeñas poblaciones y el entorno rural siga subsistiendo.

Claro, que son un escollo, por una parte para grandes Ayuntamientos que ven recortados los ingresos que podrían recaudar del alfoz de los mismos, y por otra parte por unas CCAA que no consiguen quitar todas las competencias a dichas diputaciones y por tanto no pueden mangonear a su gusto.

Nadie duda que las diputaciones, además de limpieza, necesitan una reconversión para adaptarse a los nuevos tiempos. Pero a pesar de todo, tras las entidades menores, Juntas Vecinales y Ayuntamientos, son las entidades mas cercanas al ciudadano, y su desaparición significaría abandonar miles de núcleos. Nucleos que acabarían en manos de unas CCAA que en su mayoría han demostrado su fracaso por culpa de un sistema centralista que abandona totalmente a los pequeños núcleos.

Si a eso le sumamos que el fracaso autonómico, ha sido el gran trampolín de la corruptela política, la fachada para inventarse fundaciones, embajadas y otras entidades con el único objetivo de colocar amigos y familiares, y por otra parte se han dedicado a asumir competencias que han servido para manipular la realidad territorial, cultural y social, queda que las CCAA son el verdadero problema de la vertebración social y territorial que han de ser eliminados con urgencia. Y si las diputaciones sobrán, con mas razón las comunidades autonómmas, sobre todo aquellas que sin legitimidad se han dedicado a centralizar todos los recursos, abandonando la periferia a la ruina.


Sobra la corrupción, es evidente, y por eso hay que aplicar la ley para acabar con esa lacra. Pero no es causa para que unas instituciones centenarias, que han funcionado y administrado las pequeñas poblaciones durante muchos años, paguen por una corrupción consentida por TODOS, mientras otras que en solo unas décadas han demostrado su fracaso y adolecen de los mismos problemas, pero multiplicados debido a su extensión, se vayan de rositas y además se beneficien de la falta de ética  de aquellos que en vez de juzgar se dedican a esconder las vergüenzas por si les toca de cerca.

¿Porque tanto interés en acabar con diputaciones y tan poco por quitar de enmedio un fracaso tan evidente como ciertas comunidades autónomas? Quizá sea, como ya nos tienen acostumbrados a los leoneses, para fomentar manipular un sentimiento irreal que ahora tiene fronteras y necesitan quitarlas para así poder enseñar engañar a los ciudadanos.


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