Premios y recortes

El gobierno insiste en la necesidad de la austeridad y la traslada con recortes a los servicios públicos y los derechos adquiridos que son pagados con los impuestos de los ciudadanos.
El gobierno insiste en la necesidad de la austeridad y la traslada con dinero público para salvar las entidades financieras privadas que son responsables de la crisis actual. Sin olvidar las subvenciones que reciben empresas del sector privado, aunque dichas empresas luego se dediquen a despedir a los trabajadores y ahondar más en la crisis creando más paro.

En pocas palabras, se premia al sector privado con dinero público. Se paga a los que se dedican a crear más paro, a deshauciar familias, en vez de destinar los impuestos de todos a proteger a los necesitados.

Y a pesar de esta destrucción de los servicios de todos, los visionarios se dedican a criminalizar a los agitadores y descalificar a los que defienden esos derechos de los ciudadanos de ese sector público imprescindible para evitar más desigualdades y mantener una vida digna.

Visionarios que ahora salen buscando un protagonismo que nada merecen, y que a base de fomentar el odio, vaya usted a saber porque oscuro interés, creen que están por encima de los demás, haciendo crecer su ego hasta límites insospechados, y se permiten insultar y tratar de ignorantes a los que no siguen sus tesis.
Visionarios que justifican cualquier movimiento contra el estado del bienestar, contra unos servicios que pagamos todos, excusando a los actuales destructores de tal estado culpando a la herencia recibida. Curiosamente nunca hablan de la herencia de la banca o las empresas privadas, que se han llenado los bolsillos a base de subveciones o los llamados rescates, y que siguen llenandoselos igual.

¿Hasta donde se puede justificar lo injustificable? ¿Hasta donde, a pesar de negarlo, se venden esos visionarios que siguen admitiendo que los impuestos de los ciudadanos se desvien a un sector privado que nada le importa lo que suceda más allá de sus cuentas empresariales?
Esos visionarios que se las dan de patriotas no se dan cuenta que  la destrucción de los servicios publicos en favor de los privados es la mayor traición que se puede hacer a un pueblo, ya que al pasar a manos privadas lo que es de todos, se está vendiendo esa patria a unos pocos. Por eso la duda es evidente, uno no sabe si  no se dan cuanta de dicha traición, o más bien saben lo que está pasando y admiten que eso que llaman España sea vendido a las empresas y bancos que la están arruinando, es decir perdiendo esa soberanía de la que tanto se les llena la boca para despreciar a los que la ponen en duda, pero no se atreven a admitir que están errando al permitir esta situación.
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